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Domingo

DOMINGO

Haz clic para ilustrar este capitulo      Amanece sin despertador y un sol perezoso, aún con la legaña enquistada, empieza la jornada laboral. Va trepando por el cielo y, sin un mal café, le dan las nueve de la mañana. Es domingo, y como cada día que cierra la semana, el panorama de la ciudad cambia completamente. Las prisas y el tráfico se toman el día libre para dejar un hueco al silencio y a la tranquilidad con la que Madrid hincha sus pulmones lo suficiente, como para afrontar un nuevo lunes. Tocan las diez, y a esta hora los rayos del sol ya empiezan a atizar con algo de fuerza a las figuras que componen el puzzle de los jardines de la plaza de Oriente, regando de sombras un cuadro de bancos, balcones y terrazas. Precisamente, con una de esas sombras, empieza esta historia.

Diego lleva en pie más de una hora, sin tráfico pero con prisas. Acelera el paso un poco más porque llega tarde otra vez al trabajo y teme una nueva reprimenda o incluso que le echen, y no está el horno para bollos. Casi puede sentir el rechinar de dientes de su jefe, un sudamericano cuarentón que llegó al país hace no más de cinco años y regularizado hace dos, cuyo carácter ha ido radicalizando la ingesta masiva de alcohol a diario. En este tiempo alejado de su tierra, el cacique fue afianzándose en un trabajo detestado por los propios españoles, pero bastante más prometedor de lo que su país podía ofrecerle, y lo consiguió (y lo mantiene) pensando siempre primero en el negocio y después, también. Es curiosa la amnesia que provoca el poder, que nos roe las neuronas y los recuerdos haciéndonos olvidar (como olvidamos dejar de fumar cada vez que nos encendemos otro cigarro) las buenas intenciones previas al cáncer.

       Atraviesa como una bala los jardines del Cabo Noval, y sube por la calle de la Bola hasta el Café de Chinitas, un pintoresco restaurante de esos que tanto gustan y entretienen a los extranjeros que se pasean por la capital de lunes a sábado. De alguna manera, la imagen proyectada por nuestro país fuera de las fronteras nos ha relegado a ser conocidos por el resto del mundo como un paraíso de sangría y pandereta, y hay quién sabe aprovecharlo para engordar sus arcas con los fondos que salen de las carteras guiris. Unos exportan coches, otros mano de obra; nosotros les devolvemos a su país con un mantón de Manila, la huella de un sol cuasi africano y algunas resacas de recuerdo.

      Como pasa el Ave por Xátiva, deja atrás el cierre metálico del restaurante flamenco, vira hacia la izquierda por la calle de Leganitos y debajo de una pila de andamios, fiel reproducción de la torre Eiffel, se adivina el letrero que marca que ha llegado a su destino. Diez interminables horas de trabajo por delante y solo le recibe un mal pintado letrero donde se adivina “Fuente Deliciosa China”. Tuvo suerte de encontrar este trabajo, ya que los negocios orientales han mantenido, desde los primeros locales hasta su proliferación como setas tras la lluvia, una política de empleo exclusivamente familiar. Trabajando toda la familia, reducimos los costes laborales y añadimos una enorme flexibilidad de horario. El negocio perfecto, que dirían algunos: beneficios directamente proporcionales al trabajo. Pero eso era antes. Ahora la familia Yuang ya se ha hecho con más de la mitad de los locales de la calle, y los familiares han sido desplazados hacia la dirección de los negocios. La nueva fórmula para el empleado es mucho trabajo y poco dinero pero, ya se sabe, cualquier cosa siempre es mejor que nada.

      -Buenos días Law, el aparcamiento está imposible. Vengo desde el garaje del Palacio.- Se excusó Diego nada más entrar en el restaurante.

      –Tlanquilo amigo. Wilson aún no está.

      Suena una música indefinible a la par que inteligible. Farolillos y dragones por aquí, un auténtico bambú made in china por allá y una enorme réplica de la famosa muralla dibujada en la pared hacen que hasta las carpas del acuario se sientan en el país del sol naciente. La (ya no tan) original decoración del restaurante transporta al comensal al rincón más tradicional de China mientras da buena cuenta del pollo Pekín. Qué gran decepción cuando descubres que es del Carrefour…

      Diego va directo a la cocina y en lo que se hace un café revisa las existencias para el día fuerte de la semana. Como de costumbre no son suficientes. -Antes de las doce me va a tocar ir al Dia a comprar más rollitos.-dice para sí. Va cayendo la aguja del reloj hacia las dos, cuando se abren las puertas de la cocina y, como John Wayne en Red River, entra Law.

      -Sopa de nido de golondlina, dos wun-tu, y pan chino. –recita rítmicamente, y con una sonrisa añade: -Ya ha llegado el mejol cliente, y hoy viene con uno goldo.- El “mejol cliente” no era otro que el señor Verdasco, o mejor dicho, el señor Verdasco y su acompañante, ya que nunca iba solo a comer. Verdasco es uno de los propietarios del folclórico Café Chinitas, y le gustaba entrevistarse en el restaurante chino los días de libranza con los artistas que iban a tocar o a bailar en el suyo. Lo consideraba algo así como una comida de empresa, asì que de paso aprovechaba para desgravar unos eurillos a Hacienda.

      -Miguel, no has probado una sopa como ésta. Para hacerla hay que tener al menos un antepasado Ming.- Bromeó el empresario. -A Esperanza le gustó tanto que acabó llamando al cocinero para darle una propinilla. El jodío es calcado al camarero, aunque ya sabes, estos chinos son todos iguales.

      –Ézto ni e zopa ni é na. Una buena papa con choriso é lo que le ase farta al payo limón eze.

     -Demasiado colesterol, ¡esto es sanísimo! Pero bueno, a lo que vamos. Con Espe llegué ya a un acuerdo: vosotros me mandáis a tres estudiantes para la actuación de Estrella Morente del viernes y este verano os dejo un martes el café para la fiesta del Centro de Arte y Flamenco. Dos bailaoras y un palmero. O mejor tres muchachos, porque a la Morente no le gusta que la eclipsen niñas guapas.

      -De ezo na. Venimo al Chinita un zábado y yo te voy a mandá a sinco chavale que la van a montá a la Eztrellita la marimorena. Tú, yaquichán, tráete un rioja pa brindá por un buen negosio y no se hable .

     Tras doscientos siete rollitos, trece patos a la naranja, un sin fin de platos impronunciables, tres broncas con acento ecuatoriano, cuatro fuentes rotas y dos cortes nuevos, por fin cierra el restaurante. Diego es un saco de escombros reptante, pero eso sí, ha cobrado casi cincuenta euros por diez horas de trabajo. Roto por cinco sitios, emprende el camino de regreso al parking. Cojea ligeramente por la tendinitis en la rodilla que arrastra desde hace años, pero aún así no aminora la marcha: cuanto antes llegue al coche, antes llega a casa. Se arrastra por las interminables cuestas del centro de Madrid y una vez ya en la calle de San Quintín sale a su encuentro una figura que balbucea algo en un acento extraño. Diego se fija con atención, y descubre a una segunda figura que se posiciona justo detrás suyo y, descifrando un intento de español hablado en cirílico, cae en la cuenta de que está a punto de ser atracado.

Una vorágine de pensamientos se agolpan a la altura de sus sienes, provocando que éstas, yugular y corazón se aceleren al unísono en una serie de frenéticos latidos. La inyección de adrenalina es tal que de un solo golpe tumba al primer individuo y cuando se gira para emprenderla con el segundo asaltante, siente hasta decepción al ver que ha salido corriendo calle arriba. Se dirige despacio hacia el garaje, y antes de entrar, enciende un cigarro y se sienta en uno de los bancos esponjados del frío de la luna. Al levantar la cabeza, ve imponente la escultura ecuestre de Felipe IV, y con un temblor febril en la pierna mira al Grande y le dice con voz queda: -Cuesta abajo nos dejaste. Ya nos hemos estrellado.

SIGUIENTE DOMINGO

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Comentarios

4 comentarios en “DOMINGO

  1. Muy buenos relatos. Mis felicitaciones. Muchos saludos.

    Publicado por victoria eugenia | marzo 26, 2012, 10:42 am
  2. Qué arte muyayo 😉 Me ha encantado @apcorella

    Publicado por Anonymous | diciembre 12, 2011, 1:17 am

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  1. Pingback: DOMINGO II « Feliztupidez - octubre 22, 2012

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